domingo, 11 de octubre de 2009

Navegar


Ah, quien pudiera navegar en un mar negro, bajo un cielo carmesí! Dormir la siesta entre las amapolas, o mejor aún, entre los suaves pechos de quien nos quite el sueño y el aliento...

El último, dado vuelta.

Tengo un ideal rojo,
tengo un tintero lleno de mentiras.
Tengo dos cristales,
y tengo un hambre que no puedo saciar.

Los dedos amarillos
son traje de gala acá.
Las ojeras son apariencia,
en verdad son tigres.

Miradas de Amapola.
En medio de la obediencia,
rezo porque tus pétalos
sean los labios los que me besen hoy.

El yermo donde habitamos
es un Bar eterno,
donde podemos matar hazañas
con vasos de olvidos,
adioses y te amos incompletos.

De escritor solo me quedan
los vicios y la culpa.
Una mezcla malsana
entre Ares y Dafne.

Que la meretriz cante
con aires de Señora
un Bolero del alma,
mientras subimos a la barca.

el último, dado vuelta.

2 comentarios:

  1. Qué hermosa la idea del cielo carmesí :) Me encanta lo escrito.

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  2. El último, fuma en lata. Y eso es todo lo que puedo y debo decir. Paco.

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Críticos que mancillaron mi obra